¿Existe vida después de la muerte?

El materialismo no admite otra existencia que no sea la presente. Tampoco reconoce una Inteligencia Suprema Cósmica, que gobernaría el complejísimo e inconmensurable universo que conocemos tan parcialmente.

  “La probabilidad de que la vida surja por casualidad es similar a la composición espontánea de un Diccionario Enciclopédico en una imprenta después de una explosión”, afirma un científico.

Las religiones de todos los tiempos han mantenido encendida la llama  de la creencia en el más allá.

Los estudios llevados a cabo por el Dr. Raymond Moody en Vida después de la vida y sus obras posteriores con personas dadas por clínicamente muertas son, cuando menos, muy interesantes. Podríamos resumirlos así:

  • Individuos que están muriendo, cuando llegan al momento de máximo desfallecimiento, oyen como un zumbido desagradable y comienzan a deslizarse rápidamente por un largo y oscuro túnel.
  • A continuación, salen de su cuerpo físico. Al instante se encuentran en un lugar desconocido y luminoso. Otros seres vienen a recibirlos, entre ellos los espíritus de sus parientes y amigos muertos.
  • Aparece asimismo un Ser Luminoso, amoroso y cordial, que no habían visto antes, y comienza a hacerles preguntas relativas a su existencia: “¿Has aprendido a amar? ¿Estás preparado para morir? ¿Te encuentras satisfecho de tu vida…?”
Dr. Moody, cuyos estudios sobre “experiencias en el umbral de la muerte” evidenciarían un más allá.
  • En breves momentos se ven tal cual son, pasan revista a su vida y se hacen conscientes de lo bueno o lo malo que han realizado. Ellos mismos emiten, pues, su propio juicio, en presencia del Ser Luminoso. El sentido del tiempo resulta distinto al del plano físico.
  • Tras “retornar”, se muestran reacios a contar a los demás sus experiencias, por temor a que los tilden de enfermos mentales. Su vida sufre una profunda transformación. A partir de entonces, “saben que hay vida después de la muerte”.

¿Adónde vamos después de morir?

Las escuelas ocultistas y esotéricas y las religiones consideran la muerte como un tránsito al más allá, también denominado cuarta dimensión, mundo astral o mundo del deseo.

Tras la muerte física, el espíritu podría percibir cuanto sucede en la Tierra, pero a los pocos días abandonaría este mundo. Al principio, permanecería cerca de su cuerpo y poseería aún toda su percepción sensorial.

La visión teosófica

Afirma el teósofo A. Powell en El cuerpo astral que “no ocurre cambio repentino alguno en el ser humano al morir; por el contrario, se mantiene después de la muerte exactamente como era antes, excepto en que ya no dispone de un cuerpo físico. Posee la misma inteligencia, la misma disposición, las mismas virtudes y los mismos vicios.

”Las condiciones en que se encuentra son las que él mismo ha creado con sus pensamientos y deseos. No hay recompensa ni castigo desde afuera, sino las consecuencias de lo que haya hecho, dicho y pensado mientras vivía en el mundo físico. Su conciencia, su identidad y sus percepciones sensoriales (psíquicas) se hallan en el cuerpo astral.

”No siempre se tiene la impresión de haber muerto, y cuando uno se hace consciente de su nueva morada, no la percibe muy distinta de la terrenal, dado que ve, oye, siente y piensa. Sólo cuando intenta ponerse en contacto con los amigos o familiares corpóreos se convence de su abandono del plano material, al no poder comunicarse con ellos”.

En la cuarta dimensión desaparecerían el dolor y la fatiga físicos, se conocerían los sentimientos y emociones de los seres humanos (dado que éstos se expresarían en formas visibles) y se verían sus cuerpos astrales, aunque no los físicos.

Arthur Powell, ingeniero militar y teósofo, publicó obras esotéricas muy interesantes sobre el más allá.

Los seres incorpóreos no necesitarían dormir, comer ni trabajar para vivir. La persona familiarizada con el más allá a través de sus conocimientos, se encontraría con un mundo no desconocido. En consecuencia, sabría a qué atenerse.

Nuestra misión en el astral consistiría en continuar aprendiendo, evolucionando y purificándonos de nuestros errores pasados, para encarar con éxito un nuevo curso de vida que nos permita seguir ascendiendo por la escala evolutiva.

Tras abandonar la cuarta dimensión, el ser ascendería a otros planos superiores (el cielo de las religiones) antes de regresar de nuevo al mundo físico.

El más allá desde la óptica espiritista

Según Allan Kardec en su obra El mundo de los espíritus, el alma, antes de unirse al cuerpo, era espíritu. Los espíritus, seres inteligentes, pueblan el mundo invisible y temporalmente se revisten de cuerpo carnal “para purificarse e ilustrarse”.

Fallecido el cuerpo material, el alma retornaría al mundo de los espíritus, que había abandonado temporalmente, conservando en todo momento su individualidad.

Así lo interpreta el gran espiritista francés, para quien la vida del alma es eterna, porque ella misma lo es, en tanto que la del cuerpo es pasajera y dura una sola encarnación.

Allan Kardec, el profesor, escritor y filóso francés, figura relevante del espiritismo (s. XIX).

Los cristianos piensan que la vida eterna comienza tras la muerte; sin embargo, desde la óptica espiritista, se conjugan perfectamente vida eterna y reencarnación.

La separación del alma y del cuerpo, desaparecido éste, no resulta dolorosa. Para el alma es un placer, porque vislumbra el final de su destierro.

No obstante, este mutuo abandono entraña cierta turbación, menor cuanto más evolucionado es el espíritu. Puede durar horas, meses o años.

En el momento de la muerte, el alma se halla confusa y aturdida como quien despierta de un sueño profundo y no sabe muy bien dónde se encuentra.

Las tres grandes hipótesis

La muerte y el más allá podrían enfocarse desde tres grandes hipótesis:

El materialismo. Opina que la muerte constituye el final del ser humano. La interrupción de las funciones vitales entraña automáticamente la desaparición de los procesos mentales. Las moléculas del cuerpo se descomponen y sus átomos se dispersan en la Naturaleza.

Para el materialismo, el ser humano constituye la suprema inteligencia conocida. El científico materialista  -según Kardec- no admite que algo supere su entendimiento; en consecuencia, niega cuanto no ve. Su estudio de la vida se centraría sólo en el funcionamiento de los órganos.

Si, tras su fallecimiento, nada persiste del ser humano, no tendrían sentido el bien y el mal, ni, en consecuencia, la moral, los lazos sociales y las buenas acciones, dado que a nadie debería rendir cuentas de sus actos tras la muerte, argumenta el apasionado espiritista.

Tales ideas exageran la realidad. No se puede negar la existencia de materialistas dotados de gran sentido de la responsabilidad, cuyas conductas resultan altamente éticas y profundamente humanas.

Ahora bien, ciertos experimentos científicos evidencian una falta de escrúpulos rayana en la locura: fetos humanos colocados en vientres de cerdos; mutilación cruel de animales en los laboratorios… Estos científicos, ¿creen no ya en Dios, sino al menos en la dignidad humana?

Dethlefsen puntualiza en su obra La reencarnación: “Nuestra experiencia con la materia demuestra que ésta, por sí sola, nunca produce procesos de conciencia… ¿Por qué un cuerpo habría de generar conciencia durante sesenta años, para de repente dejar de hacerlo?”

Las religiones bíblicas (judaísmo, cristianismo, islamismo)

Defienden que poseemos un alma individual e inmortal, creada por Dios. Tras la muerte, es premiada o castigada en función de sus obras. Existe un cielo y un infierno eternos. El purgatorio constituiría un lugar donde se saldan deudas de menor cuantía.

Mezquita (i), catedral (c) y sinagoga (d), los templos de las “religiones del Libro”

La teoría reencarnacionista. Afirma que el ser humano está dotado de un espíritu inmortal, que persigue la perfección máxima a lo largo de innumerables y presuntas vidas, que se alternarían como el sueño y la vigilia, como los períodos de actividad y reposo.

La vida tendría cierta semejanza con una escuela, donde los alumnos se hallan matriculados en diversos niveles (desde el inferior hasta el superior), aprovechando sus estudios o perdiendo el tiempo, lo que conllevaría, al final de cada curso, el acceso al siguiente o la repetición del anterior. Y tras la educación básica, vendría la enseñanza media, y luego los estudios universitarios, y después el doctorado.

¿Quién puede fijar el listón de la evolución humana? Resultaría desafortunado intentar realizar tan complejos y extensos estudios en una sola existencia.

Nos vienen a la memoria las palabras ya citadas del científico Oberth: “La experiencia humana sobre la Tierra es una de las tantas que el alma puede recorrer en su camino infinito”.

Escribe el teósofo Cooper en La reencarnación: “El alma se muestra perfecta al principio de su experiencia terrestre, como perfecta es una simiente. Pero ésta debe desarrollar sus potencialidades latentes, hasta transformarse en un cereal”.

Por tanto, evolucionar equivaldría a desarrollar nuestros poderes ocultos, a traducir en acto lo que constituye una mera potencialidad.

En el Kybalión se lee: “El todo, cuando crea, emana su energía divina, y se produce una disminución gradual de la energía vibratoria, hasta alcanzar el grado de vibración más bajo, donde se manifiesta la forma más densa de la llamada materia. El universo está en constante evolución. Al llegar al máximo grado de perfeccionamiento, el ser es reabsorbido por el Todo”.

Hermes Trismegisto (izqda.), divinizado en Egipto como el dios Thot, el dios de la sabiduría (drcha.)

Se describiría, pues, el proceso de mejora progresiva de todos los seres, ya que, según el texto mencionado, todos evolucionamos desde las vibraciones mínimas o mundo material hasta las máximas o mundos suprafísicos, y esto supondría millones y millones de años (eones). En consecuencia, la evolución total no se daría en una sola existencia.

Si nos atenemos a la obra mencionada, el grado de vibración constituiría la clave que diferencia a un hombre de una piedra, ya que ambos están compuestos de átomos y ambos vibran, al igual que todo vibra en el universo: “La única diferencia que se da en todo es sólo de grado”.

La frase de Éluard: “Hay otros mundos, pero están en éste”, podría completarse así: “Están en éste o fuera de éste”.

Las investigaciones actuales

He aquí algunos testimonios de los innumerables recogidos por la doctora Hellen Wambach, autora de la famosa obra: Vida después de la vida:

  • “Tenía muchos amigos de vidas anteriores”.
  • Mi madre fue mi hermana, y mi padre, padre también en una vida anterior.
  • Conocía a mi marido, a mis hijos y amigos de vidas anteriores”.
  • “Antes de nacer, me encontraba en una dimensión diferente”.
  • “No quería nacer, sino desplazarme por el universo como un rayo de luz”.

En conclusión: “volveríamos con las mismas almas, pero en distintas circunstancias. Viviríamos nuevamente no sólo con aquellos a los que amamos, sino también con aquellos con quienes mantenemos conflictos…”.

Ruth Simmon, la protagonista de En busca de Bridey Murphy, de Bernstein, nos da su interpretación del más allá durante sus regresiones hipnóticas a presuntas existencias anteriores. Describe el mundo astral como un lugar en el que reina una luz perpetua.

Sesión de hipnosis de Bernstein (película de la Paramount) y su famosa obra sobre la reencarnación.

Según ella, se puede adivinar el futuro de los seres humanos. Con sólo desearlo, uno se traslada de un lugar a otro. Dice haber encontrado allí a su padre y a ciertos conocidos, con quienes habló. Allí no se moriría. Simplemente uno desaparecería sin suscitar asombro ni pena.

Este más allá tendría gran parecido con el Seol judío, con el Hades griego, e incluso con el purgatorio cristiano, según ciertos estudiosos.

El psicólogo alemán Dethlefsen nos aporta en Vida y destino humano algunas conclusiones interesantes, extraídas de sus pacientes regresados a hipotéticas vidas pasadas.

Se trataría de “un mundo de imágenes”, que cada cual interpretaría según su nivel evolutivo. Se hallaría en relación con “el estado de conciencia del alma”.

El más allá “no es más variado y diferenciado que nuestro mundo físico”. Es decir, seríamos allí más o menos como éramos aquí, con nuestros vicios y virtudes.

Por este motivo, se deben acoger con prudencia las afirmaciones de supuestos espíritus en sus comunicaciones a través de mediums. La visión que nos dan del otro mundo y sus misterios constituiría su propia visión, ajustada a sus ideas y creencias.

Al igual que las opiniones de los humanos -incluso proviniendo de científicos eminentes- resultan relativas, las visiones sobre el más allá deben interpretarse a lo sumo como respetables hipótesis.

De acuerdo con Dethlefsen, en el más allá habría contacto con otros seres, e incluso aprendizaje, facilitado por seres benéficos. Las entidades de similar evolución se encontrarían en niveles semejantes.

Observa, asimismo, que la probabilidad de recibir mensajes de alta calidad desde el otro mundo se antoja remota. Más bien abundarían las opiniones privadas  de seres humanos de bajo nivel evolutivo, y hasta de entidades no humanas.

Ya ciertas escuelas previenen contra las sesiones espiritistas superficiales, afirmando que las altas entidades se ocupan en misiones más importantes que el simple cotilleo con los humanos curiosos y crédulos.

Puedes ampliar información acerca de este tema en mi obra: Vivimos de nuevo, de la editorial Edicomunicación, Barcelona.

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Sobre Eliseo Nuevo 17 artículos

Soy psicólogo y orientador, actualmente jubilado. He sido profesor y jefe del Departamento de Orientación en diversos institutos de la Comunidad de Madrid a lo largo de mi vida profesional. He impartido Psicología en segundo de Bachillerato, amén de mis años anteriores en la Enseñanza básica como profesor y orientador.

Igualmente, por mi profesión, he impartido frecuentes charlas sobre psicología y pedagogía: autoestima, inteligencia emocional, habilidades sociales, orientación académica y profesional, el mundo de los sueños, grafología...

He llevado a cabo una escuela de padres y madres durante muchos cursos. También he desarrollado diversas conferencias sobre temas parapsicológicos (extraterrestres, reencarnación…), sobre la cultura y la religión egipcia, etcétera. Asimismo, he intervenido en diversas mesas redondas sobre temas psicológicos, pedagógicos y parapsicológicos. Además, han aparecido varios artículos míos, de carácter educativo en revistas como "Escuela Española", “Cosmos”, etc.

Finalmente, tengo varias publicaciones, que podéis consultar en la sección de Mis obras


    Mis estudios
  • Licenciado en Filosofía y Letras, sección Psicología, por la Universidad Complutense de Madrid, y curso de especialidad en Psicología Pedagógica, en la escuela de psicología de dicha universidad.
  • Dos cursos de Filología Hispánica en la misma universidad
  • Actualmente, estudio Historia del Arte en la UNED.
  • Cursos de Grafología, Hipnosis, etc.
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